Nov 24, 2005

Life as we know it!!

Este es un trabajo de Investigación que realice con un buen amigo, comentarios se reciben!!!

Chino Ovalle, el eterno viaje de una vida.

Lejos de casa

El Chino no es de esta ciudad, miles de kilómetros lo separan hoy del lugar que lo vio nacer, Ovalle. Hace 39 años abandono el vientre de su madre, mujer de esfuerzo que luego del abandono de su pareja debió hacerse cargo sola de aquel niño que estaba por venir, “el Chino” la abandonó a ella a los ocho años, no fueron motivos de peso los que provocaron tal situación, el neopren y los amigos, pequeños adictos igual que él, fueron suficiente para cortar el débil cordón que alguna vez los unió. En ese entonces la ciudad se transformo en su hogar, pareció suficiente para contener las ansias de aventuras y nuevos excesos, la ciudad lo adoptó a él y sus amigos, quizá por eso decidió que su apellido fuera Ovalle, en honor a su ciudad. Cuando las calles, las caletas y los terrenos baldíos parecieron repetitivos la decisión estuvo tomada, era hora de cruzar los límites urbanos y aventurarse a otros puertos que contuvieran sus ansias de navegar. Sotaqui, Monte Patria, El Palqui, Chañaral, Punitaqui, Coquimbo, La Serena, altos en su peregrinar hacia el Norte del país, en todos los lugares, nuevos amigos, nuevos mundos, mayor libertad. La vida, a los quince años, parece demasiado larga para preocupaciones del futuro, más aún si tus mayores necesidades se limitan a un tarro de solvente que aspirar. Arica fue su máximo limite, entonces el camino de vuelta pareció menos complicado, su cuerpo se había acostumbrado a dormir sobre tierra, a comer sobras y a viajar en los acoplados de los camiones con productos desde y hacia cualquier lugar.

Un viajero debe tener un punto de convergencia, lugar desde el cual partir y volver con la certeza de saber que llegaras ahí de cualquier forma, para el Chino, Santiago se transformo en su centro neurálgico, la Marihuana y la Pasta Base eran sus nuevas preocupaciones también, los dieciocho años llegaron así, mas trastornados que nunca, del Norte llegaron noticias de una muerte, la mujer que abandonó y que nunca comprendió yacía en una tumba desde un par de años, de la misma forma supo de la existencia de dos hermanos, de los cuales no se preocupó, la calle les daría todo lo que necesitaban, pensó.

La Universidad de la Calle.

En algún momento, la vida viene a por ti, y se debe estar preparado. En algún momento, las limosnas no dejan el dinero suficiente para las múltiples necesidades que surgen, más aún si un hijo viene en camino. Chino Ovalle, entonces ya era un nombre reconocido en el círculo de vagabundos de Santiago, alguno de ellos, tal como él, sin mas preparación y conocimientos que los que te entrega la calle, pudo, de alguna forma unir un par de alambres y formar una figura deforme que con el tiempo y la practica se transformaban en rosas, corazones, pulseras, aros, bicicletas en miniatura, o cualquier otro objeto que la imaginación y el material estuvieran dispuestos a obtener. Alguno de estos, artesanos autodidactas, le entrego al Chino el conocimiento necesario para también “doblar alambre” y así poder asegurar algo de alimento para su hijo.

A los veintiún años las responsabilidades te limitan, un hogar, una mujer, un hijo, familia al fin y al cabo, lo obligaron a establecerse por un par de años, suficientes para entender que debía salir nuevamente en busca de libertad, y de alcohol.

De excesos y traiciones.

A donde ir entonces, cuando la mitad del país ahora solo parece el patio trasero de tu casa, el sur fue entonces su nuevo destino, otra vez, nuevos amigos, nuevas motivaciones, nuevos dolores, Rancagua fue el escenario de un fugaz romance, los únicos recuerdos de aquello son una hija, actualmente de trece años, y un legado de conocimientos en artesanía que actualmente es el sustento de esa familia.

Las ciudades se recorren como si todas formaran parte de tu vida, parece entonces que nada puede sorprender, que nada puede pasar.

Lota, una mas de las ciudades que debía recorrer, al poco andar supo que no sería igual que todas. Noche de drogas y alcohol, distorsionó lo suficiente a los participantes del encuentro para que los ánimos se exacerbaran y la violencia se apoderara de la conversación, a veces las personas simplemente no pueden tolerar que alguien los contradiga o pase a llevar alguna de sus ideas, el Chino despertó en la camilla de un Hospital, muchas contusiones, muchas lesiones, ningún amigo o familiar que lo visitara, los seis meses de hospitalización que tomo su recuperación le hicieron comprender que los amigos de verdad no existen, conocidos hay por montones, y él lo sabe muy bien, en su andar por el país, constantemente se relaciono con uno que otro vagabundo igual de trotamundos que él, alguna vez se vieron, en otro camino, y se saludaron, y compartieron y se acompañaron, pero al Hospital, ninguno llego. Salió de ahí acompañado de un par de muletas, las que continúan el viaje con él hasta hoy.

Un amor en cada puerto.

No es esta su primera vez en estas tierras, de hecho, ocho años atrás debió pasar por aquí para llegar a Puerto Montt, limite máximo del sur del país recorrido, ahí, su tercera conquista, al menos, la tercera que le entrego también su tercer hijo, una niña que espera ver pronto, la madre también aprendió de él el oficio de artesano, al parecer es el único legado que puede dejar un hombre acostumbrado a no dejar rastros en los lugares que visita.

Chino Ovalle se mueve por el país, lo ha recorrido de Arica a Puerto Montt muchas veces, pero cualquiera sea la ciudad que visite, sabe, que debe pasar por Santiago, Rancagua, y Puerto Montt, que ahí, sus mujeres y sus hijos lo esperan, todas saben de la existencia de la otra, el Chino sabe de la existencia de otros, pero siempre existen las instancias para la reconciliación al menos, por el tiempo que logre permanecer en la ciudad.

Una vida recorrida.

Treinta años de aventuras parecen suficientes para finalmente establecerse en algún lugar, al menos desde cualquier otra posición, no la del Chino Ovalle, cree que seguirá así hasta que encuentre a la mujer que logre establecerlo en un lugar definitivamente, de eso falta mucho, espera ahora llegar a Puerto Montt, debe reencontrarse con su mujer y su hija, pero a pesar de eso, lo que mas le preocupa es poder reencontrase con un amigo, del que se separo en Temuco, así pareciera ser que funcionan los lazos afectivos para personas como él, se sienten mas vinculados con otros símiles que con la propia familia.

Siempre, en cualquier ciudad a la que llegue, encuentra amigos, viejos o nuevos, con los cuales se siente identificado, comparten las historias, los dolores, las adicciones, son buenos amigos, solidarios hasta lo que los recursos permiten, algunos van de ida, otros de llegada, algunos permanecen mas tiempo, según la época del año, y según la generosidad de las personas, que vean en ellos una persona digna de ayudar entregándoles un par de monedas, cuando las limosnas no dejan, es hora de partir.

Realizan el denominado por ellos mismos como “pide-pide” logran juntar un par de monedas que les alcanza para algo de pan y mucho alcohol, recorren las poblaciones en busca de alimentos, visitan las casas y con su mayor cara de aflicción logran obtener abarrotes, duermen en carpas, en toldos, bajo pasos peatonales, o “donde los pille la noche”, juegan con naipes, así pasan las horas, pareciera ser que viven en pos del vino que puedan obtener en el día y que puedan ingerir por la noche, solo así, muchas veces han sobrevivido hambre, frío y soledad.

Chino Ovalle es discapacitado, ante nuestros ojos debería recibir ayuda, debería tener un hogar, pero no es ese su deseo, personas como él, acostumbrados a valérselas por si mismos, sea cual fuere la forma, no sienten la necesidad de pedir ayuda a instancias gubernamentales, no desean saber de noticias, de campañas presidenciales, de tragedias mundiales o de conflictos bélicos, deciden vivir en su mundo, su realidad, por mas extrema que esta resulte.

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